Alguien daño mí corazón con la saeta del desprecio, ahora no podrá sanar, ha dejado de amar. El amor que lo cura todo pareciera que me ha abandonado, en cambio en su lugar a dejado un torrente de amargos desconsuelos, los cuales han provocado que mi alma estalle en llanto, recordando los bellos momentos que un día insospechadamente llegaron a mi vida, trayendo consigo la dicha, la ilusión y la esperanza de ser amado.

Pero lo que fue brotando tan solo eran desaires dañando poco a poco mi corazón entero, aminorando el fuego de la pasión que una vez sentí al momento de conocerla, pues ella no supo como mantenerla encendida y por ello solo me daba desprecios, indiferencias y en ves de mantenerla encendida, lo extinguía poco a poco trayendo así el odio, el rencor y la desesperación.

Ahora al dejarla, solo me acompaña la obscura soledad y juntos nos embriagamos con el vino de la inmensa decepción. Recordando tan solo los momentos en que ella fingía su amor justificándose con que no sabia demostrarlo. Pero quiero decirle que en el amor no se trata de “saber” como demostrarlo, sino de amar y dejarse llevar por ese sentimiento que solo nace del corazón y “hacer” hasta lo imposible por demostrarlo.

Tal ves ella no supo como hacerlo, porque la verdad es que nunca sintió amor por mi; tal ves era para ella una ilusión, o tan solo un capricho o quizá un despecho, pero, la verdad es que yo le ame como nadie podrá hacerlo y le entregue el corazón entero. Ahora el daño esta hecho y no hay remedio, quedándose clavado en mi pecho la saeta del desprecio.

Es cierto que dicen que donde hubo fuego cenizas quedan, pero yo digo que sopla el viento y se las lleva. Ahora me quedo solo, con la saeta del desprecio, clavada aquí, aquí en mi pecho.

DLMM